DIRECCIÓN
La dirección administrativa es una labor complicada y de alta responsabilidad, que generalmente llevan a cabo gerentes y otras figuras de liderazgo y autoridad dentro de las organizaciones, y que tiene como objetivo garantizar que los objetivos trazados de antemano se cumplan, lo cual significa lidiar con imprevistos, corregir sobre la marcha el funcionamiento de la organización y a menudo tomar decisiones estratégicas.
Sin embargo, para promover la buena marcha de la empresa, también habrá sido necesario realizar un proceso de planificación previa de esos elementos, junto a la realización de un adecuado seguimiento y control de los objetivos, que será la fase final de todo el proceso de administración. Dicho esto, explicaremos con mayor detalle cada una de las funciones básicas de la dirección.
FUNCIONES BÁSICAS DE LA DIRECCIÓN
PLANIFICAR
Consiste en determinar los objetivos a alcanzar, así como las estrategias necesarias para lograrlos.
ORGANIZAR
Determinar la jerarquía y estructura empresarial, junto a la asignación de tareas y responsabilidades a los RR.HH.
GESTIONAR (DIRIGIR)
Una vez que todo está planificado y organizado es hora de entrar en acción, tomar decisiones y dirigir los RR.HH.
CONTROLAR
Consiste en realizar un seguimi
ento y control de los objetivos marcados, realizando correcciones si fuera necesario.
Importancia del área de dirección para una empresa
Pone en marcha lineamientos establecidos en la planeación y organización. Si no hay acción, esos lineamientos se quedarán solamente en sueños e ilusiones. A través de ella se puede lograr que los colaboradores tengan una mejor conducta dentro de la organización.
La dirección implica que un responsable con nivel de autoridad genere liderazgo, así como motivación, comunicación, cambio organizacional e individual y creatividad. La comunicación es el proceso a través del cual se transmite y recibe información en un grupo social.
A grandes rasgos, podemos esquematizar las etapas de la dirección administrativa en:
Toma de decisiones. Ante algún tipo de imprevisto, situación retadora o evaluación de la organización, se impone la necesidad de una toma eficiente de decisiones, lo cual pasa a su vez por determinadas etapas
Definir el problema. Es decir, comprender la situación, los retos surgidos y/o los objetivos que se persiguen y que nos brindarán la orientación inicial respecto a cómo abordar el problema.
Evaluar las alternativas. Todo problema puede abordarse desde distintos puntos de vista y puede resolverse o enfrentarse de modos distintos, más agresivos, más pacientes, más sagaces, etc. Antes de decidirse por alguno se deben revisar todas las opciones.
Tomar una decisión. Finalmente deberemos decantarnos por alguna opción y aplicarla de manera específica, teniendo en cuenta un panorama de consecuencias posible y algún tipo de previsiones anticipadas.
Integración. Esta etapa implica la disposición de los elementos y recursos necesarios para ejecutar la decisión previamente tomada, a través también de diversas estrategias, como son:
Reclutamiento. Agrandamiento o reemplazo del capital humano con el personal necesario para llevar a cabo las labores que acarrea la decisión.
Capacitación. Brindar al personal ya existente las herramientas teóricas, conceptuales o prácticas para poder llevar a cabo las labores que acarrea la decisión.
Renovación. Adquisición de nuevos materiales, nuevos equipos, nuevas herramientas, etc., para poder llevar a cabo la decisión.



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